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9 de octubre de 2016

Más reflexiones en torno a la herida sin nombre

(More Thoughts on the Wound with No Name -First Aid, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

"La herida sin nombre" es mi entrada favorita en este blog (Attending to the Undervalued Self, en Psychology Today), quizá porque por la cantidad de comentarios que ha recibido puedo ver cuánta gente se ha sentido conmovida al leerla, o porque expresa algo sobre quién era yo antes de recibir la ayuda adecuada.

Naturaleza y aprendizaje, genes y ambiente: los dos componentes de nuestro bienestar emocional. Cuando hablo de ayudar a las personas altamente sensibles, hablo de genes. Pero estoy igualmente dedicada a la parte aprendida, a aquellas personas dañadas tempranamente por su entorno. (De ahí el libro The Undervalued Self, que pretende reproducir el proceso de una terapia profunda y de calidad para aquellos que no puedan acceder a una.) Por supuesto, la combinación de la alta sensibilidad con un entorno difícil en la niñez es la más difícil de todas de sanar, aunque los altamente sensibles aparentemente son capaces de beneficiarse más de cualquier buena ayuda que reciban de adultos, así como de las cosas buenas que vivieron durante su niñez.

Algunas personas desearían que dijera algo más sobre qué hacer con esta herida. Escribí un párrafo sobre esto en el post (reproducido debajo) pero me doy cuenta de que es desalentador ya que enfatiza el hecho de que no hay respuestas sencillas.
Las reparaciones rápidas no funcionan cuando el daño es profundo. Una terapia corta puede aliviar síntomas, pero en el largo plazo no sirve de mucho. La gente con estos antecedentes ha desarrollado una defensa psicológica primitiva: el protector-perseguidor (lo describo en el libro The Undervalued Self). Su objetivo es "nunca jamás". Nada de crecer, de cambiar, ni de cercanía a los demás: podría significar encontrarse de nuevo con el insoportable dolor del rechazo en la niñez. Años y años de terapia pueden ayudar, si se acude al terapeuta adecuado, pero pocos pueden permitírselo.
Incluso cuando alguien con una herida profunda describe una transformación maravillosa, a menudo ha sido consecuencia de años y años de lucha y de trabajo interior. Y aun así, ¿existe algo parecido a los primeros auxilios o alguna forma de acercarse al lento trabajo de la autoexploración y a la ayuda de la terapia profunda con un terapeuta realmente bueno?

Primero, a mí personalmente, me ha venido muy bien practicar la Meditación Trascendental. Los estudios han demostrado que ayuda con la depresión, la ansiedad y similares, a algunas personas más que a otras. Otras formas de meditación también ayudan y hablo de las diferencias entre ellas en otros posts en este mismo blog. Parte de mi preferencia por la Meditación Transcendental es debida a que no requiere esfuerzo. Lo último que necesita alguien deprimido es algo que requiera esfuerzo porque se percibe como trabajo y puede que se sienta demasiado cansado o desalentado para tomarse la molestia, o tema que no lo está haciendo suficientemente bien.

He practicado Meditación Trascendental durante 44 años, sin saltármelo casi nunca, porque es tan reparador. Haces lo necesario para sentirte cómodo. Si tienes sueño se te dice que duermas puesto que eso es lo que necesitas en ese momento. Para mí es como una manta familiar, suave y confortable que me echo encima dos veces al día, a veces sintiéndome "feliz", incluso si me siento abatida al mismo tiempo. Es extraño.

Una nota sobre la espiritualidad: aunque hoy en día la meditación transcendental se describe como una técnica mental, no deja de ser una forma de meditación y la meditación a menudo se asocia con la espiritualidad. Las filosofías y prácticas espirituales suelen estár diseñadas para ayudarnos con las peores heridas de la vida: el mal (negligencia, abandono, traición, crueldad, codicia, etcétera) más la pérdida y la muerte. Pero hay razones para tener cuidado. Los que tuvieron una niñez problemática son especialmente propensos a seguir un método o profesor que prometen ayudarles a superar el problema rápidamente elevándose por encima del mismo. En mi opinión, una vida, y una herida de vida, necesita ser abordada en tres niveles diferentes:

  1. La espiritual y trascendental
  2. La anclada en la realidad de intentar vivir una vida plena y productiva, y en especial a desarrollar fuertes vínculos sociales
  3. El duro y profundo trabajo interior asociado con síntomas, complejos y sueños. A menudo es a este nivel donde la mayor sanación puede ocurrir, lo cual permite florecera las otras dos.
Así que cuidado con lo espiritual.

Segundo consejo: piensa con cuidado con quién te comparas. Según atraviesas la veintena, la treintena y más ves a tus pares haciendo las cosas normales según el programa previsto. Tú no estás en el programa previsto; no es justo que te compares con ellos. Tu situación no es culpa tuya. Sí, tienes la responsabilidad de hacer algo al respecto pero no eres responsable de lo que ha pasado o cómo ha cambiado el curso de tu vida.

Tercero, para ayudar a que te compares con la gente adecuada, me gustaría que pudieras conocer a algunos otros con dificultades parecidas (depresión, ansiedades, timidez, adicciones), quizá como los alcohólicos se encuentran entre ellos en Alcohólicos Anónimos. Sé que hay grupos de apoyo y encuentros para diferentes cosas y puede que puedas encontrar alguno, aunque parezca complicado. Es verdad, las personas heridas pueden ser tímidas o estar a la defensiva, no es una compañía sencilla. Algunos han sido víctimas de un terrible abuso verbal y por tanto es difícil para ellos no echar mano de ello cuando se sienten avergonzados. De cualquier forma, conocer a otras personas como tú, de una manera más profunda, creo que puede ayudar.

Cuarto, usa tu talento, cualquiera que sea y sin que importe si es escaso. Todo el mundo tiene algún pequeño talento, aunque sea fregando bien los platos. Como ya he mencionado, no puedes compararte con aquellos que son más talentosos, sea tocando un instrumento o entreteniendo a los niños. Pero cuando estamos usando un talento nos estamos concentrando en algo, lo cual es algo como un antidepresivo en el sentido de que estimulamos al cerebro a hacer algo además de concentrarse en su herida. De hecho, utilizar el lado izquierdo del cerebro (que no siempre es lo mismo que utilizar un talento) puede hacerte salir del lado derecho del cerebro, que es donde las emociones, incluidas las negativas, tienden a procesarse. Trata de leer algo que no es ficción y que tenga algo de reto y de interesante para ti, o cualquier otra cosa que enganche tu lado izquierdo.

Quinto, hay muchos estudios que recomiendan a los deprimidos ayudar a otras personas. Sin embargo soy reacia a recomendar esto porque implica dificultades tales como simplemente salir e interactuar con gente nueva. A veces es una pequeña dosis de cura la que proporciona ayudar de una manera sencilla, como por ejemplo ayudar con el equipaje de alguien que va cargado.

En última instancia, necesitarás encontrar significado en tu sufrimiento, y a veces puede ser ayudando a otros con los mismos problemas, probablemente en un lugar informal como un grupo de ayuda o escribiendo comentarios en un blog como éste. A veces es como si, al atravesar las experiencias más duras, estuviéramos entendiendo lo que está pasando. Cuando entendemos lo que ocurrió, hemos pasado a bachillerato. Después pasamos a la universidad, en caso de que intentemos curarnos. Finalmente, quizá alcancemos una situación en la que estemos listos para ayudar a otros con el mismo problema, no necesariamente de una manera profesional, sino sencillamente permaneciendo allí con la sabiduría adquirida sobre cómo afrontarlo.

Es mi consejo final de primeros auxilios. Como cuando alguien está practicando los primeros auxilios en otro, una presencia sabia y compasiva es lo que más importa. Por favor, sé compasivo contigo mismo.

2 de octubre de 2016

Los complejos

(Watch Out for Those Touchy, Treacherous, Hurting Complexes, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Entender los complejos es una de las herramientas psicológicas básicas que necesitamos para vivir la vida (la mayoría de estas herramientas son tratadas en el libro The Undervalued Self). Nos permite comprender muchas cosas. Todos tenemos complejos. Según Jung, son los bloques con los que se ha construido nuestra personalidad, la mayoría de ellos en torno a viejos traumas.

El trauma psicológico se produce a partir de sentimientos insoportables que amenazan con romper el sentido que tenemos de nosotros mismos, para lo cual dichos sentimientos son disociados y enviados fuera de la consciencia. Un complejo contiene todos los pensamientos, sentimientos, recuerdos, sensaciones y, sobre todo, autoprotecciones, conscientes e inconscientes, innatos y aprendidos, que están asociados con el trauma. Cualquier cosa nueva que parezca asociada al complejo (un comentario, persona, lugar, olor) nos traerá consigo el paquete completo. De repente te estás comportando como si estuvieras de nuevo allí, y no aquí y ahora.

Freud nos habló del complejo de Edipo, desarrollado a veces en torno al miedo de un niño de provocar celos en su padre, pero esto es sólo la punta del iceberg. Puedes tener complejos por casi cualquier cosa: un complejo de confianza por haber sufrido una traición en el pasado, o un complejo en torno a traumas relacionados con tu género, raza, preferencia sexual, o un complejo respecto al dinero, el éxito a cualquier precio, sobre la separación y la pérdida, abandono, Dios, y por supuesto la Madre. Fue nuestra primera relación, cuando estábamos indefensos. Todos tenemos algún tipo de complejo de madre.

Un complejo te ayuda a evitar el horroroso dolor emocional proporcionándote señales de peligro a partir de cualquier cosa que se parezca al trauma original. Es muy conservador, prefiere evitar retraumatizarse a arriesgar una nueva perspectiva sobre el suceso. Además, como el material guardado en un complejo es tan doloroso, mucho del mismo permanece en el subconsciente y no nos damos cuenta del mismo al tiempo que nos complica la vida. (Él se pone loco de celos y en consecuencia ella se cansa de él y efectivamente lo deja por otro.) Se puede convertir en algo así como un agujero negro, tragándose más y más de tu vida.

Una de las tareas esenciales de la vida, si quieres ser una persona consciente, es traer tus complejos a la superficie. No siempre podrás prevenir que se activen, pero puedes aprender a pasar menos tiempo en ellos.

Otra razón para tratar de entender los complejos es la de saber qué es lo que está pasando cuando otra persona está en uno de ellos. La gente se vuelve más emocional, la voz estridente o intensa. Oyes amenazas y predicciones terribles. Se emplean las palabras "siempre" y "nunca". Una actitud a la defensiva. Si puedes ser involucrado, una parte del complejo se proyectará sobre ti, porque los complejos tienen siempre dos polos, hay dos roles que desempeñar (víctima y dominador, ignorante y sabio, enfermo y sano). Puedes ser culpado, juzgado, advertido o descrito de forma desconcertante. Con gente muy racional, una conversación se vuelve debate y después un monólogo destinado a demostrar que estás equivocado. Sobre todo, te sientes succionado a un drama, tratado como un personaje en una obra, que no eres tú. Te has vuelto invisible. Quizá pensaste que importabas a esta persona pero ahora no lo parece.

Si el que está en un complejo eres tú, puede que te asombres al verte a ti mismo haciendo todo esto.

¿Qué hacer? Ya hablaré en otro momento sobre ti y tus propios complejos. Con otra persona que esté en un complejo, primero de todo, nunca discutas: esta persona se encuentra en un estado de pánico completamente inconsciente. Tampoco le des la razón y si el silencio te crea problemas trata de decir algo amable pero fuera del tema. "Eso me recuerda a lo mucho que me gustó tu presentación de ayer". Si nada funciona y si no es una relación que te importe, pide excusas y sal de la escena rápido.

Si la persona te importa las cosas se pueden complicar. De nuevo, trata de no discutir o de que te sientas dañado o te pongas a la defensiva tú mismo. Tendrás que hablar de lo sucedido cuando la persona ya no esté en el complejo. "Me pregunto qué es lo que pasó la noche pasada en la cena, parecías muy disgustada". Por supuesto, pisas sobre terreno resbaladizo simplemente por traer de nuevo a colación el tema, pero debes hacerlo.

25 de septiembre de 2016

Relaciones de rango y de vínculo

(Ranking and Linking, For Better and For Worse, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Este blog (Attending to the Undervalued Self) es el resultado de años de darle vueltas a los fundamentos principales de nuestros problemas emocionales universales. Una respuesta la abordé en el libro La persona altamente sensible: la evolución ha hecho que alrededor del 20% de nosotros seamos más susceptibles tanto a las cosas buenas como a las malas de la vida.

Sin embargo, el temperamento innato no es la respuesta completa. Los estudios (y mi propia experiencia como terapeuta) indican que la baja autoestima subyace tras la mayor parte de las depresiones, ansiedades y relaciones frustradas. Por lo tanto la solución parece que consistiría en aumentar directamente dicha autoestima, pero la realidad es que muchas veces no se consigue nada enfocándolo así. Lo cierto es que la baja autoestima es un estado natural, una consecuencia de nuestro instinto para posicionarnos entre los demás, y lo que los estudios han descubierto es que repetirse a uno mismo afirmaciones positivas, el más común de los tratamientos de autoayuda, lo único que hace es acentuar la baja autoestima de los que ya se sienten mal de antemano, tal y como han podido comprobar muchas almas desventuradas.

La baja autoestima tiene que ver con el poder y con la influencia, el resultado de posicionarse uno mismo a la baja, de sentirse en un rango inferior. Como otros animales sociales, constantemente nos estamos evaluando con respecto a los demás, comparándonos y compitiendo. Siempre estamos al corriente de la posición que ocupa todo el mundo en la jerarquía social mientras tratamos de mantener o aumentar la nuestra. De igual forma, a menudo estamos vinculándonos, amando a otros de forma que deseamos estar a su lado, conocerlos y dar respuesta a sus necesidades si podemos. Posicionándonos y vinculándonos, vinculándonos y posicionándonos, todo el rato, y cuando estamos en un modo normalmente no estamos en el otro.

Posicionarse es automático y útil. Imagina que cada día tuviéramos que averiguar quién es mejor en cada trabajo. Pero vincularse trae consigo más placer y bienestar. El problema con el posicionamiento es que seas retado. Y pierdas. Tarde o temprano, en cierto momento todos sufrimos una derrota. Como consecuencia nos asalta, al igual que a todos los animales sociales, lo que los investigadores llaman la "Respuesta Involuntaria a la Derrota", lo cual hace que nos deprimamos. Nos retiramos con el rabo entre las piernas, abatidos, sintiendo que ya no tenemos nada que hacer. Esto hace que la lucha termine, protegiéndote de un daño mayor. Cuando eres derrotado, tú mismo te infravaloras, de forma que te mantienes fuera del conflicto durante un tiempo.

Los seres humanos ensayan sus retos con la imaginación. Excepto si te sientes imbatible, imaginarás algunas derrotas. Las imaginarás especialmente si has sufrido una derrota recientemente, si la misma ha sido grande, o si has vivido una niñez en la que has experimentado el poder sin amor. ¿Te encuentras con frecuencia atascado en relaciones de modo rango? Entonces a menudo te encontrarás infravalorándote. Es natural. No es de extrañar y por ello mismo intentar subir en el ranking de la autoestima no es la respuesta. Para salir del modo rango, pasa al modo vínculo, mi próxima entrada en el blog.

Algo que puedes hacer ahora mismo. Reconoce mejor el modo rango y el modo vínculo. Pon en una lista los nombres de las personas con las que te sientes mejor, y en otra lista los de las personas con las que te sientes peor. Tú y los de la primera lista estáis normalmente en modo vínculo, ¿a que sí? Con los de la segunda lista hay sobre todo una relación en modo rango, incluso si supuestamente es una relación de amor. No hay duda de que sabes al lado de quién quieres pasar más tiempo.

21 de septiembre de 2016

¿Qué fue del alma?

(Remember the Soul?, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Hubo un tiempo en que la psicoterapia se ocupaba de expandir la consciencia del paciente y de ayudarle a encontrar significado a su vida. Después, en los años 70, sucedió un cambio. Los psicólogos tuvieron que cambiar sus métodos para que pudieran actuar como los médicos psiquiatras (con los que de alguna forma empezaban a competir): necesitaban tratamientos específicos y preferiblemente breves con indicadores claros del proceso de curación.

Hoy en día, se considera una buena terapia aquélla que es breve, enfocada en el diagnóstico, estandarizada y basada en la evidencia, todo lo cual conduce a la terapia cognitivo-conductual. No plantearlo así se consideraría incluso poco ético. Y sin embargo, recientes estudios demuestran que esto no necesariamente es cierto.

Sigue existiendo aún otro tipo de terapia: más pausada, enfocada en las emociones, en el pasado, especialmente en los vínculos afectivos durante la niñez; no hay agenda, se anima a los pacientes a que hablen de lo que quieran, incluyendo los sueños; se exploran los intentos de evitar los pensamientos angustiosos; hay un interés por los temas recurrentes y los patrones de comportamiento; se hace hincapié en las relaciones. Es decir, es una terapia en profundidad, explorando el subconsciente, algo que constituye un anatema ahora mismo en la psicología clínica.

La terapia cognitivo-conductual es en cualquier caso un excelente lugar desde el que empezar el tratamiento y para muchos puede que sea suficiente. Es del tipo "de arriba a abajo", empleando el córtex cerebral para controlar las partes más profundas y primitivas del cerebro, aquellas que producen las respuestas emocionales, algunas de las cuales no queremos. La mayoría de los métodos de autoayuda son también "de arriba a abajo", pidiéndonos que repitamos autoafirmaciones o que nos enfoquemos en lo positivo. Pero este enfoque a veces falla, principalmente cuando el problema se originó a una edad temprana en la vida. (Los vínculos inseguros provenientes de la infancia afectan al 40% de los adultos.)

Cuando la autoayuda o las terapias cognitivo-conductuales no funcionan, muchas personas se culpan a sí mismas por no utilizar bien estos métodos. Pero lo cierto es que a algunos les iría mejor el enfoque "de abajo a arriba", el cual descubre las emociones abrumadoras que han sido disociadas. Muy dentro nos encontraremos seguramente con el sentimiento de infravaloración de nuestro propio ser, que a menudo nos disuade de aproximarnos a experiencias que podrían hacernos revivir el trauma original. Cambiar estas respuestas defensivas puede requerir años de una relación terapéutica consistentemente amable y segura. Puede que cueste tanto como una educación universitaria pero para algunos podría tener un efecto mucho mayor, tanto en sus ingresos como en felicidad, la suya y la de sus hijos, y la de los hijos de sus hijos.

18 de septiembre de 2016

La herida sin nombre

(The Wound with No Name, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Por motivos emocionales, algunas personas no pueden salir a la calle a buscar un trabajo. O si tienen trabajo, no pueden mantenerlo. No soportan las críticas, no se llevan bien con los demás o no saben por qué pero la cuestión es que no pueden trabajar. O trabajan bien, a veces como un demonio, pero no pueden gestionar las relaciones. No solamente no se casan sino que tampoco tienen amigos. Muchos comen en exceso, juegan demasiado a las apuestas, realizan compras que no se pueden permitir. Tratan sinceramente de parar su adicción pero no pueden.

Algunos tienen enfermedades físicas crónicas que eluden un diagnóstico y se reavivan cada vez que se hacen nuevos propósitos. Hay quien antepone compulsivamente las necesidades de otros a las suyas propias. Están quemados, pero hay que seguir. Olvidan citas con el médico y medicamentos que se tienen que tomar, comen mal y duermen poco o demasiado.

Siempre están deprimidos, ansiosos o las dos cosas. Quizá han sido diagnosticados con un trastorno de déficit de atención. Pero incluso con medicación, apenas cambia nada. Si la medicación ayuda, tiene serios efectos secundarios. Se les diagnostica por tanto un trastorno de la personalidad. Son evitativos, narcisistas, inestables, dependientes, obsesivo compulsivos, cualquier cosa. En estos tiempos de la genética, su trastorno se considera innato.

Por supuesto se desprecian a sí mismos, deslizándose cada vez más profundamente hacia un estado de baja autoestima. Con la edad se vuelve peor, cuando sus pares los sobrepasan. ¿Qué contestas cuando alguien te pregunta qué es lo que estás haciendo? No puedes decir "tratar de levantarme por las mañanas". Si te preguntan si estás con alguien, no dices "no, en los treinta y aún virgen".

Su entorno trata de aconsejarlos. "¿Por qué no intentas...?". "Pero por qué no tratas sencillamente de...". "Tienes que esforzarte más". "A tu edad no hay excusa para que no...". "No sé qué es lo que pasa contigo". Tristemente, los terapéutas dicen también estas cosas, incluso cuando es obvio que el paciente es incapaz de actuar.

¿Es esto una enfermedad? ¿Nace la gente con esto? Mientras que los genes pueden aumentar la vulnerabilidad, según mi experiencia, la causa se encuentra siempre en algo realmente horrible que sucedió en la niñez, normalmente con la madre y en los dos primeros años de vida. Se marchó o murió, o estaba deprimida, físicamente incapacitada, estresada en grado extremo, narcisista, adicta o alcohólica, o ella misma víctima de un abuso en su infancia. La cuestión es que no fue lo suficientemente sensible y no dio respuesta a las necesidades naturales del niño. Estudio tras estudio, uno tras otro, con humanos así como con otros primates, demuestra los mismos efectos desastrosos que se producen cuando el cuidado falla en la etapa inicial de la vida.

Ocurre a los niños que tenemos alrededor, los cuales crecen y siguen estando entre nosotros. Si durante el parto sus cuerpos hubieran sufrido algún daño, de forma que en algún momento tuvieran que someterse a una operación y a rehabilitación para poder vivir una vida al menos cercana a la normalidad, nos gustaría que así se hiciera y admiraríamos su resistencia. Buscaríamos una cura, se organizarían grupos para asegurarnos de que tuvieran esa posibilidad. Pero esta otra herida de la que hablamos, es la herida que no se puede ver. Y lo que es peor, que ni siquiera se puede nombrar. Es la herida sin nombre.

Las reparaciones rápidas no funcionan cuando el daño es profundo. Una terapia corta puede aliviar síntomas, pero en el largo plazo no sirve de mucho. La gente con estos antecedentes ha desarrollado una defensa psicológica primitiva: el protector-perseguidor (lo describo en el libro The Undervalued Self). Su objetivo es "nunca jamás". Nada de crecer, de cambiar, ni de cercanía a los demás: podría significar encontrarse de nuevo con el insoportable dolor del rechazo en la niñez. En cualquier caso, la investigación dice que algunos pueden sanar sustancialmente con terapia a largo plazo, o al menos encontrarle un sentido al destino que les ha tocado. Pero esto requiere de un profesional preparado y comprensivo, y de que puedan permitírselo.

La siguiente vez que te encuentres con una persona así, incluso si es frente al espejo, ten compasión. Apoya cualquier cosa que haga para curarse. Y si es de los afortunados que cuentan con la ayuda de un terapeuta, no seas uno de esos que pregunta: "¿Por qué estás aún en terapia después de todos estos años?".

14 de septiembre de 2016

¿Vulnerabilidad o disponibilidad?

«Tengo que confesar que a veces encuentro la vida demasiado dolorosa, quizá también os pase a vosotros. Pero hay algo que me ayuda, y es pensar acerca del mundo de los arquetipos, todo ese conocimiento innato que traemos de serie los seres humanos desde los tiempos remotos en los que nos desarrollamos como especie.»
¿Cómo le ayuda a Elaine Aron este conocimiento arquetípico? Antes nos explica algo sobre ellos.
«Los arquetipos son conocimiento intrínseco que tenemos sobre cómo manejar mejor ciertas situaciones vitales. Contienen la sabiduría recogida a lo largo de la evolución sobre cómo ser una buena madre, por ejemplo, o un buen padre, y cómo comportarnos si tenemos la mala suerte de caer en manos de la Mala Madre o la bruja, o del Mal Padre o tirano. El arquetipo del héroe nos dice cómo reconocer al valiente héroe o convertirnos en uno de ellos. Los conocimientos arquetípicos nos proporcionan la habilidad para sentir lo sagrado, lo bello, lo digno de ser amado o lo peligroso. Por ejemplo, las respuestas innatas nos ayudan a comportarnos adecuadamente cuando nos encontramos con la Serpiente o el León, o cuando conocemos a nuestra pareja ideal.
»Los arquetipos nos provocan intensas emociones y nos empujan a actuar de determinada manera. Normalmente moldean los pensamientos y los sentimientos sin que nos demos cuenta de su influencia, excepto, quizá, cuando nos quedamos sorprendidos de nosotros mismos al llorar en una boda o un funeral, nos quedamos paralizados de terror por una insignificante araña, o, de forma más general, sentimos que nos comportamos como si no fuéramos nosotros mismos.
»Parece que el mundo arquetípico puede moldear con más intensidad las vidas de las personas altamente sensibles. Quizá tenga una fuerza mayor sobre nosotros o que la puerta que da acceso a esos conocimientos intuitivos se nos abra con mayor facilidad. Pero afortunadamente todo arquetipo tiene dos aspectos, uno bueno y otro malo. Nos afecta el lado negativo, lo que nos hace sentirnos vulnerables. Nos afectan demasiado las malas noticias. Nos cuesta tolerar la crueldad humana, el mero conocimiento de que un amigo tiene una enfermedad terminal nos deja desolados. Pero también nos conmueven la compasión, el coraje de personas desconocidas que favorecen a los necesitados o la profundidad y cercanía que somos capaces de compartir con alguien que se está muriendo.
»Debido al aspecto positivo que tiene, pienso que a nuestra arquetípica vulnerabilidad debería llamársele con un nombre más neutro, quizá disponibilidad. Pero disponibilidad no en el sentido de dejarnos llevar por los arquetipos más positivos, los del héroe, el de la buena persona, etcétera. No, debemos permanecer con los pies sobre el suelo en la realidad de nuestra humilde humanidad. De hecho no estoy segura de lo que significa esta disponibilidad, no lo tengo claro en mi caso y mucho menos en el de nadie más. Espero que signifique que somos capaces de proporcionar algo de sabiduría adicional, o sencillamente de vivir dicha disponibilidad por medio de nuestras reacciones irreprimibles. A veces llamo a esto "liderazgo emocional". Si somos los primeros en llorar, protestamos más o no podemos evitar alegrarnos, a menudo ayuda a otros a hacer lo mismo.
»En definitiva, esa disponibilidad no siempre es agradable. Hace que la vida sea más apasionada, una especie de sacrificio para el que no tuvimos elección. Sencillamente estamos sujetos a quienes somos. Como esos que se sienten empujados a escalar altas cimas o explorar profundas cuevas o sumergirse en los océanos. Sólo que en nuestro caso estamos irremediablemente disponibles, disponibles a la montaña, a la cueva o al océano, para cuando ellos deseen ser conocidos.»

(Extraído de Archetypal Vulnerability or Availability? del sitio The Highly Sensitive Person.)