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9 de octubre de 2016

Más reflexiones en torno a la herida sin nombre

(More Thoughts on the Wound with No Name -First Aid, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

"La herida sin nombre" es mi entrada favorita en este blog (Attending to the Undervalued Self, en Psychology Today), quizá porque por la cantidad de comentarios que ha recibido puedo ver cuánta gente se ha sentido conmovida al leerla, o porque expresa algo sobre quién era yo antes de recibir la ayuda adecuada.

Naturaleza y aprendizaje, genes y ambiente: los dos componentes de nuestro bienestar emocional. Cuando hablo de ayudar a las personas altamente sensibles, hablo de genes. Pero estoy igualmente dedicada a la parte aprendida, a aquellas personas dañadas tempranamente por su entorno. (De ahí el libro The Undervalued Self, que pretende reproducir el proceso de una terapia profunda y de calidad para aquellos que no puedan acceder a una.) Por supuesto, la combinación de la alta sensibilidad con un entorno difícil en la niñez es la más difícil de todas de sanar, aunque los altamente sensibles aparentemente son capaces de beneficiarse más de cualquier buena ayuda que reciban de adultos, así como de las cosas buenas que vivieron durante su niñez.

Algunas personas desearían que dijera algo más sobre qué hacer con esta herida. Escribí un párrafo sobre esto en el post (reproducido debajo) pero me doy cuenta de que es desalentador ya que enfatiza el hecho de que no hay respuestas sencillas.
Las reparaciones rápidas no funcionan cuando el daño es profundo. Una terapia corta puede aliviar síntomas, pero en el largo plazo no sirve de mucho. La gente con estos antecedentes ha desarrollado una defensa psicológica primitiva: el protector-perseguidor (lo describo en el libro The Undervalued Self). Su objetivo es "nunca jamás". Nada de crecer, de cambiar, ni de cercanía a los demás: podría significar encontrarse de nuevo con el insoportable dolor del rechazo en la niñez. Años y años de terapia pueden ayudar, si se acude al terapeuta adecuado, pero pocos pueden permitírselo.
Incluso cuando alguien con una herida profunda describe una transformación maravillosa, a menudo ha sido consecuencia de años y años de lucha y de trabajo interior. Y aun así, ¿existe algo parecido a los primeros auxilios o alguna forma de acercarse al lento trabajo de la autoexploración y a la ayuda de la terapia profunda con un terapeuta realmente bueno?

Primero, a mí personalmente, me ha venido muy bien practicar la Meditación Trascendental. Los estudios han demostrado que ayuda con la depresión, la ansiedad y similares, a algunas personas más que a otras. Otras formas de meditación también ayudan y hablo de las diferencias entre ellas en otros posts en este mismo blog. Parte de mi preferencia por la Meditación Transcendental es debida a que no requiere esfuerzo. Lo último que necesita alguien deprimido es algo que requiera esfuerzo porque se percibe como trabajo y puede que se sienta demasiado cansado o desalentado para tomarse la molestia, o tema que no lo está haciendo suficientemente bien.

He practicado Meditación Trascendental durante 44 años, sin saltármelo casi nunca, porque es tan reparador. Haces lo necesario para sentirte cómodo. Si tienes sueño se te dice que duermas puesto que eso es lo que necesitas en ese momento. Para mí es como una manta familiar, suave y confortable que me echo encima dos veces al día, a veces sintiéndome "feliz", incluso si me siento abatida al mismo tiempo. Es extraño.

Una nota sobre la espiritualidad: aunque hoy en día la meditación transcendental se describe como una técnica mental, no deja de ser una forma de meditación y la meditación a menudo se asocia con la espiritualidad. Las filosofías y prácticas espirituales suelen estár diseñadas para ayudarnos con las peores heridas de la vida: el mal (negligencia, abandono, traición, crueldad, codicia, etcétera) más la pérdida y la muerte. Pero hay razones para tener cuidado. Los que tuvieron una niñez problemática son especialmente propensos a seguir un método o profesor que prometen ayudarles a superar el problema rápidamente elevándose por encima del mismo. En mi opinión, una vida, y una herida de vida, necesita ser abordada en tres niveles diferentes:

  1. La espiritual y trascendental
  2. La anclada en la realidad de intentar vivir una vida plena y productiva, y en especial a desarrollar fuertes vínculos sociales
  3. El duro y profundo trabajo interior asociado con síntomas, complejos y sueños. A menudo es a este nivel donde la mayor sanación puede ocurrir, lo cual permite florecera las otras dos.
Así que cuidado con lo espiritual.

Segundo consejo: piensa con cuidado con quién te comparas. Según atraviesas la veintena, la treintena y más ves a tus pares haciendo las cosas normales según el programa previsto. Tú no estás en el programa previsto; no es justo que te compares con ellos. Tu situación no es culpa tuya. Sí, tienes la responsabilidad de hacer algo al respecto pero no eres responsable de lo que ha pasado o cómo ha cambiado el curso de tu vida.

Tercero, para ayudar a que te compares con la gente adecuada, me gustaría que pudieras conocer a algunos otros con dificultades parecidas (depresión, ansiedades, timidez, adicciones), quizá como los alcohólicos se encuentran entre ellos en Alcohólicos Anónimos. Sé que hay grupos de apoyo y encuentros para diferentes cosas y puede que puedas encontrar alguno, aunque parezca complicado. Es verdad, las personas heridas pueden ser tímidas o estar a la defensiva, no es una compañía sencilla. Algunos han sido víctimas de un terrible abuso verbal y por tanto es difícil para ellos no echar mano de ello cuando se sienten avergonzados. De cualquier forma, conocer a otras personas como tú, de una manera más profunda, creo que puede ayudar.

Cuarto, usa tu talento, cualquiera que sea y sin que importe si es escaso. Todo el mundo tiene algún pequeño talento, aunque sea fregando bien los platos. Como ya he mencionado, no puedes compararte con aquellos que son más talentosos, sea tocando un instrumento o entreteniendo a los niños. Pero cuando estamos usando un talento nos estamos concentrando en algo, lo cual es algo como un antidepresivo en el sentido de que estimulamos al cerebro a hacer algo además de concentrarse en su herida. De hecho, utilizar el lado izquierdo del cerebro (que no siempre es lo mismo que utilizar un talento) puede hacerte salir del lado derecho del cerebro, que es donde las emociones, incluidas las negativas, tienden a procesarse. Trata de leer algo que no es ficción y que tenga algo de reto y de interesante para ti, o cualquier otra cosa que enganche tu lado izquierdo.

Quinto, hay muchos estudios que recomiendan a los deprimidos ayudar a otras personas. Sin embargo soy reacia a recomendar esto porque implica dificultades tales como simplemente salir e interactuar con gente nueva. A veces es una pequeña dosis de cura la que proporciona ayudar de una manera sencilla, como por ejemplo ayudar con el equipaje de alguien que va cargado.

En última instancia, necesitarás encontrar significado en tu sufrimiento, y a veces puede ser ayudando a otros con los mismos problemas, probablemente en un lugar informal como un grupo de ayuda o escribiendo comentarios en un blog como éste. A veces es como si, al atravesar las experiencias más duras, estuviéramos entendiendo lo que está pasando. Cuando entendemos lo que ocurrió, hemos pasado a bachillerato. Después pasamos a la universidad, en caso de que intentemos curarnos. Finalmente, quizá alcancemos una situación en la que estemos listos para ayudar a otros con el mismo problema, no necesariamente de una manera profesional, sino sencillamente permaneciendo allí con la sabiduría adquirida sobre cómo afrontarlo.

Es mi consejo final de primeros auxilios. Como cuando alguien está practicando los primeros auxilios en otro, una presencia sabia y compasiva es lo que más importa. Por favor, sé compasivo contigo mismo.

2 de octubre de 2016

Los complejos

(Watch Out for Those Touchy, Treacherous, Hurting Complexes, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Entender los complejos es una de las herramientas psicológicas básicas que necesitamos para vivir la vida (la mayoría de estas herramientas son tratadas en el libro The Undervalued Self). Nos permite comprender muchas cosas. Todos tenemos complejos. Según Jung, son los bloques con los que se ha construido nuestra personalidad, la mayoría de ellos en torno a viejos traumas.

El trauma psicológico se produce a partir de sentimientos insoportables que amenazan con romper el sentido que tenemos de nosotros mismos, para lo cual dichos sentimientos son disociados y enviados fuera de la consciencia. Un complejo contiene todos los pensamientos, sentimientos, recuerdos, sensaciones y, sobre todo, autoprotecciones, conscientes e inconscientes, innatos y aprendidos, que están asociados con el trauma. Cualquier cosa nueva que parezca asociada al complejo (un comentario, persona, lugar, olor) nos traerá consigo el paquete completo. De repente te estás comportando como si estuvieras de nuevo allí, y no aquí y ahora.

Freud nos habló del complejo de Edipo, desarrollado a veces en torno al miedo de un niño de provocar celos en su padre, pero esto es sólo la punta del iceberg. Puedes tener complejos por casi cualquier cosa: un complejo de confianza por haber sufrido una traición en el pasado, o un complejo en torno a traumas relacionados con tu género, raza, preferencia sexual, o un complejo respecto al dinero, el éxito a cualquier precio, sobre la separación y la pérdida, abandono, Dios, y por supuesto la Madre. Fue nuestra primera relación, cuando estábamos indefensos. Todos tenemos algún tipo de complejo de madre.

Un complejo te ayuda a evitar el horroroso dolor emocional proporcionándote señales de peligro a partir de cualquier cosa que se parezca al trauma original. Es muy conservador, prefiere evitar retraumatizarse a arriesgar una nueva perspectiva sobre el suceso. Además, como el material guardado en un complejo es tan doloroso, mucho del mismo permanece en el subconsciente y no nos damos cuenta del mismo al tiempo que nos complica la vida. (Él se pone loco de celos y en consecuencia ella se cansa de él y efectivamente lo deja por otro.) Se puede convertir en algo así como un agujero negro, tragándose más y más de tu vida.

Una de las tareas esenciales de la vida, si quieres ser una persona consciente, es traer tus complejos a la superficie. No siempre podrás prevenir que se activen, pero puedes aprender a pasar menos tiempo en ellos.

Otra razón para tratar de entender los complejos es la de saber qué es lo que está pasando cuando otra persona está en uno de ellos. La gente se vuelve más emocional, la voz estridente o intensa. Oyes amenazas y predicciones terribles. Se emplean las palabras "siempre" y "nunca". Una actitud a la defensiva. Si puedes ser involucrado, una parte del complejo se proyectará sobre ti, porque los complejos tienen siempre dos polos, hay dos roles que desempeñar (víctima y dominador, ignorante y sabio, enfermo y sano). Puedes ser culpado, juzgado, advertido o descrito de forma desconcertante. Con gente muy racional, una conversación se vuelve debate y después un monólogo destinado a demostrar que estás equivocado. Sobre todo, te sientes succionado a un drama, tratado como un personaje en una obra, que no eres tú. Te has vuelto invisible. Quizá pensaste que importabas a esta persona pero ahora no lo parece.

Si el que está en un complejo eres tú, puede que te asombres al verte a ti mismo haciendo todo esto.

¿Qué hacer? Ya hablaré en otro momento sobre ti y tus propios complejos. Con otra persona que esté en un complejo, primero de todo, nunca discutas: esta persona se encuentra en un estado de pánico completamente inconsciente. Tampoco le des la razón y si el silencio te crea problemas trata de decir algo amable pero fuera del tema. "Eso me recuerda a lo mucho que me gustó tu presentación de ayer". Si nada funciona y si no es una relación que te importe, pide excusas y sal de la escena rápido.

Si la persona te importa las cosas se pueden complicar. De nuevo, trata de no discutir o de que te sientas dañado o te pongas a la defensiva tú mismo. Tendrás que hablar de lo sucedido cuando la persona ya no esté en el complejo. "Me pregunto qué es lo que pasó la noche pasada en la cena, parecías muy disgustada". Por supuesto, pisas sobre terreno resbaladizo simplemente por traer de nuevo a colación el tema, pero debes hacerlo.

25 de septiembre de 2016

Relaciones de rango y de vínculo

(Ranking and Linking, For Better and For Worse, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Este blog (Attending to the Undervalued Self) es el resultado de años de darle vueltas a los fundamentos principales de nuestros problemas emocionales universales. Una respuesta la abordé en el libro La persona altamente sensible: la evolución ha hecho que alrededor del 20% de nosotros seamos más susceptibles tanto a las cosas buenas como a las malas de la vida.

Sin embargo, el temperamento innato no es la respuesta completa. Los estudios (y mi propia experiencia como terapeuta) indican que la baja autoestima subyace tras la mayor parte de las depresiones, ansiedades y relaciones frustradas. Por lo tanto la solución parece que consistiría en aumentar directamente dicha autoestima, pero la realidad es que muchas veces no se consigue nada enfocándolo así. Lo cierto es que la baja autoestima es un estado natural, una consecuencia de nuestro instinto para posicionarnos entre los demás, y lo que los estudios han descubierto es que repetirse a uno mismo afirmaciones positivas, el más común de los tratamientos de autoayuda, lo único que hace es acentuar la baja autoestima de los que ya se sienten mal de antemano, tal y como han podido comprobar muchas almas desventuradas.

La baja autoestima tiene que ver con el poder y con la influencia, el resultado de posicionarse uno mismo a la baja, de sentirse en un rango inferior. Como otros animales sociales, constantemente nos estamos evaluando con respecto a los demás, comparándonos y compitiendo. Siempre estamos al corriente de la posición que ocupa todo el mundo en la jerarquía social mientras tratamos de mantener o aumentar la nuestra. De igual forma, a menudo estamos vinculándonos, amando a otros de forma que deseamos estar a su lado, conocerlos y dar respuesta a sus necesidades si podemos. Posicionándonos y vinculándonos, vinculándonos y posicionándonos, todo el rato, y cuando estamos en un modo normalmente no estamos en el otro.

Posicionarse es automático y útil. Imagina que cada día tuviéramos que averiguar quién es mejor en cada trabajo. Pero vincularse trae consigo más placer y bienestar. El problema con el posicionamiento es que seas retado. Y pierdas. Tarde o temprano, en cierto momento todos sufrimos una derrota. Como consecuencia nos asalta, al igual que a todos los animales sociales, lo que los investigadores llaman la "Respuesta Involuntaria a la Derrota", lo cual hace que nos deprimamos. Nos retiramos con el rabo entre las piernas, abatidos, sintiendo que ya no tenemos nada que hacer. Esto hace que la lucha termine, protegiéndote de un daño mayor. Cuando eres derrotado, tú mismo te infravaloras, de forma que te mantienes fuera del conflicto durante un tiempo.

Los seres humanos ensayan sus retos con la imaginación. Excepto si te sientes imbatible, imaginarás algunas derrotas. Las imaginarás especialmente si has sufrido una derrota recientemente, si la misma ha sido grande, o si has vivido una niñez en la que has experimentado el poder sin amor. ¿Te encuentras con frecuencia atascado en relaciones de modo rango? Entonces a menudo te encontrarás infravalorándote. Es natural. No es de extrañar y por ello mismo intentar subir en el ranking de la autoestima no es la respuesta. Para salir del modo rango, pasa al modo vínculo, mi próxima entrada en el blog.

Algo que puedes hacer ahora mismo. Reconoce mejor el modo rango y el modo vínculo. Pon en una lista los nombres de las personas con las que te sientes mejor, y en otra lista los de las personas con las que te sientes peor. Tú y los de la primera lista estáis normalmente en modo vínculo, ¿a que sí? Con los de la segunda lista hay sobre todo una relación en modo rango, incluso si supuestamente es una relación de amor. No hay duda de que sabes al lado de quién quieres pasar más tiempo.

18 de septiembre de 2016

La herida sin nombre

(The Wound with No Name, artículo de Elaine Aron traducido del sitio Psychology Today.)

Por motivos emocionales, algunas personas no pueden salir a la calle a buscar un trabajo. O si tienen trabajo, no pueden mantenerlo. No soportan las críticas, no se llevan bien con los demás o no saben por qué pero la cuestión es que no pueden trabajar. O trabajan bien, a veces como un demonio, pero no pueden gestionar las relaciones. No solamente no se casan sino que tampoco tienen amigos. Muchos comen en exceso, juegan demasiado a las apuestas, realizan compras que no se pueden permitir. Tratan sinceramente de parar su adicción pero no pueden.

Algunos tienen enfermedades físicas crónicas que eluden un diagnóstico y se reavivan cada vez que se hacen nuevos propósitos. Hay quien antepone compulsivamente las necesidades de otros a las suyas propias. Están quemados, pero hay que seguir. Olvidan citas con el médico y medicamentos que se tienen que tomar, comen mal y duermen poco o demasiado.

Siempre están deprimidos, ansiosos o las dos cosas. Quizá han sido diagnosticados con un trastorno de déficit de atención. Pero incluso con medicación, apenas cambia nada. Si la medicación ayuda, tiene serios efectos secundarios. Se les diagnostica por tanto un trastorno de la personalidad. Son evitativos, narcisistas, inestables, dependientes, obsesivo compulsivos, cualquier cosa. En estos tiempos de la genética, su trastorno se considera innato.

Por supuesto se desprecian a sí mismos, deslizándose cada vez más profundamente hacia un estado de baja autoestima. Con la edad se vuelve peor, cuando sus pares los sobrepasan. ¿Qué contestas cuando alguien te pregunta qué es lo que estás haciendo? No puedes decir "tratar de levantarme por las mañanas". Si te preguntan si estás con alguien, no dices "no, en los treinta y aún virgen".

Su entorno trata de aconsejarlos. "¿Por qué no intentas...?". "Pero por qué no tratas sencillamente de...". "Tienes que esforzarte más". "A tu edad no hay excusa para que no...". "No sé qué es lo que pasa contigo". Tristemente, los terapéutas dicen también estas cosas, incluso cuando es obvio que el paciente es incapaz de actuar.

¿Es esto una enfermedad? ¿Nace la gente con esto? Mientras que los genes pueden aumentar la vulnerabilidad, según mi experiencia, la causa se encuentra siempre en algo realmente horrible que sucedió en la niñez, normalmente con la madre y en los dos primeros años de vida. Se marchó o murió, o estaba deprimida, físicamente incapacitada, estresada en grado extremo, narcisista, adicta o alcohólica, o ella misma víctima de un abuso en su infancia. La cuestión es que no fue lo suficientemente sensible y no dio respuesta a las necesidades naturales del niño. Estudio tras estudio, uno tras otro, con humanos así como con otros primates, demuestra los mismos efectos desastrosos que se producen cuando el cuidado falla en la etapa inicial de la vida.

Ocurre a los niños que tenemos alrededor, los cuales crecen y siguen estando entre nosotros. Si durante el parto sus cuerpos hubieran sufrido algún daño, de forma que en algún momento tuvieran que someterse a una operación y a rehabilitación para poder vivir una vida al menos cercana a la normalidad, nos gustaría que así se hiciera y admiraríamos su resistencia. Buscaríamos una cura, se organizarían grupos para asegurarnos de que tuvieran esa posibilidad. Pero esta otra herida de la que hablamos, es la herida que no se puede ver. Y lo que es peor, que ni siquiera se puede nombrar. Es la herida sin nombre.

Las reparaciones rápidas no funcionan cuando el daño es profundo. Una terapia corta puede aliviar síntomas, pero en el largo plazo no sirve de mucho. La gente con estos antecedentes ha desarrollado una defensa psicológica primitiva: el protector-perseguidor (lo describo en el libro The Undervalued Self). Su objetivo es "nunca jamás". Nada de crecer, de cambiar, ni de cercanía a los demás: podría significar encontrarse de nuevo con el insoportable dolor del rechazo en la niñez. En cualquier caso, la investigación dice que algunos pueden sanar sustancialmente con terapia a largo plazo, o al menos encontrarle un sentido al destino que les ha tocado. Pero esto requiere de un profesional preparado y comprensivo, y de que puedan permitírselo.

La siguiente vez que te encuentres con una persona así, incluso si es frente al espejo, ten compasión. Apoya cualquier cosa que haga para curarse. Y si es de los afortunados que cuentan con la ayuda de un terapeuta, no seas uno de esos que pregunta: "¿Por qué estás aún en terapia después de todos estos años?".

11 de septiembre de 2016

Sobre llorar con facilidad

«Las personas altamente sensibles lloran con mayor facilidad. Lo descubrimos claramente en nuestra investigación y la única razón por la que no está en el test de sensibilidad es porque las mujeres contestaban afirmativamente en mayor medida que los hombres y no queríamos tener tal dependencia del género. En cualquier caso estoy segura de que los hombres altamente sensibles también lloran con facilidad, sólo que lo reprimen más.»
Elaine Aron comenta que llorar con facilidad puede ser un problema en ciertas situaciones, especialmente en aquellas en las que nos comparamos con los demás. En su libro The Undervalued Self desarrolla ampliamente las dos maneras en las que nos relacionamos las personas. Por una parte nos evaluamos con respecto a los otros para ver si somos mejores o peores que ellos, algo que es connatural a todos los animales sociales (relaciones de rango las llama). Por otra, también somos capaces de establecer relaciones de vínculo como las que necesita el amor o la amistad.
«La cuestión es que llorar es un problema solamente en una situación de rango. Con un amigo o en un grupo en el que te sientes aceptado, o bien aprecias el alivio que te proporcionan las lágrimas o bien se respetará tu privacidad si dices: "No es nada, no os preocupéis". No pierdes el respeto de los demás, los amigos saben cómo eres y probablemente les gusten tus sentimientos profundos.
»En situaciones de rango, por contra, llorar puede ser visto commo una debilidad. Puede hacer que te vean como alguien a quien le falta control emocional o tiene un problema psicológico. Si eres una mujer temes que te estereotipen o que lo achaquen a las hormonas. Si eres un hombre, quizá asustes a los demás hombres. "Un hombre que pierde el control. Qué horror, ése podría ser yo" es lo que pasa por la cabeza de muchos. Casi todos los hombres recuerdan el día que aprendieron a no llorar delante de otros chicos.
»Pero podría suceder que pudieras convertirlo en un momento de vínculo. La forma en la que te tratas a ti mismo indicará a los demás cómo deberían tratarte, como a un amigo o como a alguien inferior. Si no recibes ningún tipo de respuesta por parte de los que tienes alrededor tienes que recordar que las lágrimas suelen asustar y preocupar. Cuando lloras, la gente puede sobreestimularse de manera que no puedan pensar en preguntarte qué es lo que te pasa o tocarte de forma suave y reconfortante. Y si fueron los causantes de tu lloro no les gustará nada pedir disculpas por haber sido duros contigo o por no haber captado cómo te estabas sintiendo. Aunque suene injusto, el vínculo en estos casos requerirá de ti que tranquilices a esta gente.
»Normalmente lo mejor es lo más sencillo. "No pasa nada, es sólo que lloro muy fácilmente". O bien "Es verdad que estoy triste, pero no tanto como parece. Sencillamente lloro con mucha facilidad". Reconfortar a la gente puede hacer que se sientan cercanos a ti porque pareces una persona con la que se puede uno sentir seguro, alguien que no los avergonzaría en caso de que se sintieran incómodos con sus propias lágrimas. Al mismo tiempo te muestras considerado, incluso cuando estás triste. Además a la gente le gusta ayudar y les estás dando la ocasión de hacerlo.»
Pero cuando estás en una situación pura de rango, para que no te hundan la única posibilidad que hay es la de recuperar tu estatus. De hecho, según Elaine Aron, puede incluso que puedas aumentarlo.
«Recuerda que nuestra cultura puede que considere las emociones como debilidad pero la realidad es que los sentimientos que nos llevan a llorar son los que nos hacen humanos, compasivos y sabios. El problema es que no se soporta el llanto porque amenaza la rigidez habitual, ya que los sonidos y los movimientos del cuerpo de alguien que llora inducen sentimientos parecidos en el otro, sentimientos que no nos atrevemos a expresar y resonancias en nuestro cuerpo a las que oponemos resistencia. Es decir, la rigidez de los que no lloran es una forma debilidad pero esto tendríamos que creerlo de corazón: que somos más fuertes por llorar y que están equivocados los que nos minusvaloran por ello.
»En situaciones más hostiles habría que convertir el llanto en una virtud de la que los demás carecen. "Me emociono con facilidad y estoy orgulloso (contento) por ello". Mostrar la sensibilidad como una característica personal a la que se está agradecido por toda la información útil que proporciona al trabajo que desempeñamos.
»Hay que tener presente toda la carga de honestidad que comunica aquél que se atreve a llorar en una confrontación, algo que al final se transforma en verdadera fuerza al acompañarnos de palabras sinceras. Aunque a veces un digno silencio puede ser la mejor opción. En esos casos piensa en ti mismo como alguien seguro de su sabiduría y de su honestidad emocional. Haz una pausa, deja que corran las lágrimas, seca tus ojos, y luego, cuando estés listo, sigue hablando. A menudo este comportamiento provoca en la gente reacciones extrañas. (Por cierto, hacer esperar a los demás es una forma de subir el rango.)

(Extraído de About Crying Easily del sitio The Highly Sensitive Person.)

28 de agosto de 2016

Sobre la vergüenza

Elaine Aron se siente fascinada por la emoción a la que llamamos vergüenza. En este artículo hace una reflexión acerca de ella.
«La vergüenza es una emoción dolorosa, al igual que el miedo o la tristeza. Pero quizá la vergüenza sea la más dolorosa de ellas porque se registra en el cerebro como un dolor físico severo.»
De hecho existen estudios que demuestran que el dolor emocional activa las mismas partes del cerebro que un dolor físico.
«La vergüenza es una emoción social, al igual que la timidez (el miedo social), la culpa o el orgullo. Las emociones sociales solamente se pueden sentir cuando estamos rodeados de gente (o al menos lo estamos en nuestros pensamientos).
»Cada emoción provoca expresiones faciales y movimientos característicos del cuerpo. Se puede deducir que alguien está sintiendo vergüenza cuando quiere esconderse, desaparecer, incluso morirse ("tierra trágame"). En esos momentos la persona se percibe a sí misma como alguien horrible. El avergonzado baja la cabeza y no puede mirar directamente a los ojos porque siente que no vale nada. Incluso si quisiera disimularlo no podría, puesto que el rubor facial lo delata. La vergüenza causa la sensación de que somos insoportablemente defectuosos y ello provoca automáticamente una bajada en la autoestima. Sentimos la derrota. Nos sentimos humillados. Aceptamos nuestro rango inferior y permanecemos allí, contentándonos con no ser rechazados.
»La vergüenza sirve para que nos mantengamos en buenos términos con el grupo ya que nos castiga con su dolor si hacemos algo que (suponemos) se desvía de las normas. Es tan dolorosa que después de la infancia no suele ser necesario que nadie nos la haga sentir, ya que nosotros mismos nos la infligimos ante la expectativa de que nos pillen en falta.»
Desde el punto de vista evolutivo la vergüenza fue importante ya que nuestra supervivencia dependía del hecho de ser admitidos en la tribu (sin su protección, se estaría condenado a morir a manos de los depredadores). La vergüenza seguramente ha posibilitado la cohesión y desarrollo de las sociedades humanas y sin embargo un exceso de la misma puede resultar un obstáculo para el desarrollo normal del individuo. Sobre todo en estos tiempos. La razón es que hoy en día, las personas pertenecen a múltiples grupos sociales y la vergüenza es una emoción instintiva que a menudo no sabe discriminar situaciones.

Por ejemplo, experimentar una vergüenza excesiva pudo servir para sobrevivir a una niñez en la que fue necesario ser aceptado en el primer grupo fundamental al que se pertenece: la familia. Es la base de la educación emocional de los niños, a los que dicha emoción ayuda en su aprendizaje de las normas básicas de convivencia. Pero si por algún motivo ese niño interiorizó excesivamente y quizá erróneamente el sentimiento de vergüenza, después, a lo largo de su vida, dicha vergüenza puede ser sentida en grupos y circunstancias totalmente distintas, causando numerosos trastornos.
«La culpa es más leve, más suave, porque con ella uno siente que ha hecho algo malo, no que uno es intrínsecamente malo. Con la culpa uno sabe que puede arreglarlo o tener la esperanza de ser perdonado, y aunque ello no suceda, la culpa no tiene un sentido tan irrevocable y rotundo como la vergüenza.
»Estoy convencida de que las personas altamente sensibles somos más propensas a la vergüenza porque sentimos las emociones más intensamente. El rasgo que nos motiva a ser más cautos y a observar antes de actuar es el que nos hace ser más sensibles a la vergüenza. Estamos más atentos a todo lo que podría causarla en nosotros e inhibimos cualquier impulso que pudiera desembocar en ella.
»Las personas altamente sensibles también se han podido ver más afectadas por una educación imperfecta durante la infancia, en la que el niño fue sometido por medio de la vergüenza en lugar de aprender a distinguirla de la culpa. Una misma circunstancia pudo provocar el sentimiento de culpa en un niño, mientras que en el caso de uno altamente sensible pudo causar vergüenza, especialmente si los padres reaccionaron sin mucho cuidado. Los niños también sienten vergüenza cuando no se les atiende debidamente, se les deja solos demasiado tiempo o sencillamente no se sienten queridos. Puede no ser lógico pero lo cierto es que en estos casos, sentir vergüenza (sentir el dolor que dicha vergüenza provoca) motiva a los niños a eforzarse para lograr el cariño y el cuidado que necesitan.»
Al ser la vergüenza tan dolorosa, la gente raramente la siente pues hace todo lo posible por evitarla. Existen para ello ciertos mecanismos de protección: culpamos a los demás ("Yo no hice nada malo, fue culpa suya"), minimizamos nuestra implicación ("En realidad no estaba intentándolo"), decimos que no nos importa lo que piensen de nosotros, etcétera.
«Las personas altamente sensibles utilizamos autoprotecciones como culpar a los demás, minimizar nuestra responsabilidad, etcétera, pero sobre todo, lo que hacemos es adaptarnos a lo que es normal en el grupo para de este modo ser aceptados y alejar la posibilidad de sentir vergüenza. Tratamos de ser perfectos, no cometer errores, siempre somos generosos. Nos esforzamos más de lo que correspondería, para triunfar o para que al menos nadie pueda decir que no lo hemos intentando. Pero este comportamiento a menudo conduce a vidas demasiado restringidas. Dejamos de ser espontáneos y no nos arriesgamos en las relaciones. No alcanzamos a hacer cosas que quizá nos harían felices.
Pero así, al menos, evitamos la vergüenza...
»Casi todos los consejos que se dan sobre cómo superar los problemas y vivir mejor tratan en el fondo de superar el miedo a la vergüenza. Te dicen: "empodérate", "consquista tus miedos", "quiérete más", "aumenta tu autoestima", "supera la timidez". Y cuando no lo conseguimos, ¿sabes lo que sucede? Que sentimos vergüenza. 
»El fondo del problema no suele ser considerado y entenderlo puede que sea un buen modo de comenzar a tratar los problemas de sentir una vergüenza innecesaria. Se trata de buscar el origen de esas vergüenzas porque a menudo siguen acompañándonos durante toda la vida. ¿En qué circunstancias la sentimos más intensamente y quién nos la hace sentir? Considerar cómo hemos organizado nuestra vida para evitar hacer ciertas cosas. Qué partes de nosotros han sido desconectadas. ¿Tu parte animal? ¿Tu parte creativa? ¿La parte de ti que sabe qué es lo que necesitas para ser feliz? ¿La parte que cuida de tu dignidad como persona?
»En cualquier caso es interesante volvernos más conscientes sobre la vergüenza y lo poco razonable que es a menudo, o lo condicionada que está por una cultura que quiere algo de nosotros. Quizá al envejecer y hacernos más sabios podamos dar a la sociedad, a los grupos de los que formamos parte y a aquellos críticos de nuestro pasado que aún siguen con nosotros, buena parte de lo que nos piden pero sin sacrificar completamente nuestra alma y nuestra vida.»

(Extraído de Highly Sensitive People and Shame del sitio The Highly Sensitive Person.)