31 de agosto de 2016

Cómo enseñar a alguien altamente sensible

Elaine Aron habla en este artículo sobre la manera en la que habría que enseñar a las personas altamente sensibles.
«Hace poco me encontré observando a una mujer, que parecía ser altamente sensible, a la que le estaban enseñando a nadar (o más bien, parecía estar siendo asustada, humillada y no enseñada a nadar). La escena me recordó a mí misma, a mis dificultades para aprender a nadar, año tras año, cuando era una niña. Hasta que finalmente pude aprender, gracias a una profesora muy especial. Y eso me hizo recordar todo lo que he aprendido desde entonces sobre la manera en la que se debería enseñar las cosas a los niños y a los adultos altamente sensibles.»
Al parecer, en su niñez Elaine Aron nunca aprendió a patinar, tocar un instrumento o incluso subir una verja. No aprendió a montar en bicicleta y a nadar hasta que tenía trece años. Aprendió a conducir por la insistencia de su madre, pero sabe de muchos altamente sensibles que tardan mucho en hacerlo. Para algunos, los problemas surgen en clase, con asignaturas en las que se ha de leer en alto o se comparte lo que se está haciendo con los demás compañeros. Luego están los deportes que implican la actuación delante de otros. Etcétera, etcétera.
«Los entornos en los que se enseña normalmente no son adecuados para nosotros. Y eso es porque somos fácilmente sobreestimulables, se produce una sobreexcitación nerviosa que nos impide aprender adecuadamente. Para los altamente sensibles hay un cierto número de cosas que están mal en la típica situación en la que otros aprenden sin problemas.»
Esto es lo que estaría mal en una situación típica de aprendizaje:

  1. El lugar es altamente estimulante (nuevo entorno, nuevo equipamiento, nuevo profesor). Además, está la estimulación propia de uno mismo, las cosas que imaginas que podrían ir mal.
  2. Normalmente hay un grupo involucrado, lo que añade la estimulación propia (quizá miedo) de ser observado al actuar de forma incorrecta y sentirse humillado. Incluso si es una lección privada, sigue existiendo un grupo de dos, tú y el capacitado profesor que por ello mismo puede volverse crítico contigo.
  3. La mayoría de los profesores se centran en corregir errores. Comparar alumnos entre sí, incluso comportándose de forma provocativa o burlándose del alumno en casos extremos.
  4. Lo que se quiere aprender ya es en sí mismo algo que da miedo o al menos algo que es incómodo. Las piscinas no son suficientemente cálidas para relajarse si no te estás ejercitando a fondo. Conducir un coche es inherentemente peligroso. La mayoría de los altamente sensibles tienen un saludable (sí, saludable) temor al agua, a caerse o a cometer errores en general. De niños nos dijeron una y otra vez que tuviéramos cuidado con una cosa y la otra: "ten cuidado de no caerte", "ten cuidado no te vayas a ahogar", "ten cuidado de no cometer un error". Así que cuidadosamente obedecimos estas advertencias de peligro hasta que llega el día en que se supone que las tenemos que olvidar. Así no hay manera.
Pero he aquí la vuelta: en las condiciones adecuadas, las personas altamente sensibles aprendemos rápido y bien. Primero observamos cuidadosamente y después lo hacemos una vez y lo hacemos bien. Detectamos incluso los pequeños errores y hacemos lo posible por corregirlos en la próxima ocasión. A menudo tenemos una muy buena coordinación motora una vez le cogemos el tranquillo.

Por tanto, ¿cuáles serían las condiciones adecuadas para enseñar a alguien altamente sensible?

  • Proporcionar un entorno familiar y poco estimulante. O mucho tiempo para habituarse al mismo, preferentemente observando el lugar y por supuesto sin avergonzar a la persona por necesitar hacer esto.
  • Proporcionar silencio. Los altamente sensibles necesitan cuanto menos estimulación extra, mejor, y mantener una simple conversación es una tarea extra en la que una persona sensible tratara de involucrarse y ser educada (o irritarse y después sentirse culpable por ello). A las personas altamente sensibles no les conviene el multitasking cuando aprenden. Cuando se le quiera hacer un comentario, parar la actividad y esperar hasta que el alumno parezca lo suficientemente calmado para escuchar.
  • Considerar la posibilidad de lecciones privadas. De esta manera puedes controlar mejor las condiciones y el progreso es a menudo tan rápido que el coste puede merecer la pena. Efectivamente, para la mayoría, aprender en grupo significa que la gente se ayuda entre sí y además un poco de competitividad puede acelerar el aprendizaje. Pero también puede ser desmoralizador cuando tus amigos aprenden y tú no. Y en las lecciones privadas puede ser útil que el profesor deje a solas al alumno (manteniéndose vigilante pero a distancia) para que éste experimente por sí mismo.
  • Tratar los miedos de forma creativa. De nada sirve decir "sé valiente". Elaine Aron aprendió a nadar con un instructora que supo tomarse en serio sus miedos. Meter la cabeza bajo el agua va en contra de todos los instintos. Elaine Aron estaba segura de que si lo hacía, le entraría agua por todos los orificios de la cabeza y se ahogaría. Así que su profesora le sugirió usar tapones y gafas para el agua. También tenía miedo a hundirse y entonces la instructora colocó monedas en el fondo de la piscina (poco profunda) para que tratara de recuperarlas. Descubrió que metiendo la cabeza y los hombros, la parte de abajo del cuerpo tendía a subir. De hecho, era complicado hundirse, y de esta manera pudo experimentar personalmente la flotabilidad natural que tantas veces había visto en los demás.
  • Nunca defraudar la confianza de un alumno asustado. Más de una vez Elaine Aron había sido sostenida sobre el agua por el instructor cuando, de forma imprevista, éste la soltaba para que sintiera por ella misma la flotabilidad del cuerpo. Pero, en consecuencia, la niña ya no podía confiar en esos brazos nunca más. La profesora que realmente la ayudó, la sostenía durante tanto tiempo como Elaine quería y era siempre decisión de la alumna el que la soltara.
  • Felicitar cuando se hace bien. Y decir muy poco sobre los errores. Los altamente sensibles saben lo que hicieron mal, a menudo mejor que el propio profesor. Pero incluso si no lo saben, aprenderán mejor haciendo más de lo que hicieron bien que tratando desesperadamente de no cometer los errores por los que fueron criticados.
  • Corregir de la manera más suave posible solamente si dichas correcciones parecen necesarias. Una corrección cada vez y preferiblemente una por lección. Antes, hacer varios comentarios positivos que sean sinceros. Si después se aprecia que el alumno se viene abajo (se ha sentido criticado, avergonzado) tratar de sanar ese sentimiento antes de seguir adelante con la lección.
  • Si el alumno no se está esforzando o se enfada, descubre por qué. No hay que presuponer que es un problema de personalidad del alumno. Elaine Aron dice que ella fue criticada a menudo por ser perezosa y no practicar, o le decían que tenía mal genio cuando se enfadaba. En realidad estaba tan frustrada que no soportaba intentarlo más veces. A veces, lecciones más cortas pueden ser la solución.
  • Si el alumno llora, espera a que pase. No te sientas culpable o hagas sentir vergüenza al alumno. Si no sabes por qué llora, se le puede preguntar con delicadeza. Y después decirle algo como "sí, yo también lloro cuando me siento frustrado (o avergonzado, o lo que sea). Mucha gente lo hace. No te precupes por llorar". Si quiere dejarlo o parar un rato, acéptalo.
  • Cuando el alumno está desanimado, describe una experiencia similar propia en la que te sentías abatido, a punto de abandonar o enfadado, y cómo lo superaste. La vergüenza desaparece cuando dejamos de sentirnos como que somos las peores personas en el planeta.
  • Manten al alumno en su estado óptimo de excitación nerviosa. No aprenderá nada si está sobreestimulado. Es fácil de ver cuándo puede estar así: manos que tiemblan, rubor en la cara, voz temblorosa, a punto de llorar, o estando irracionalmente enfadado. Parar la lección cuando esto suceda. A veces no se pasará hasta que el alumno lo haga bien una vez. Hay que recordar que el malestar emocional es la mayor fuente de excitación durante la lección y el profesor debe saber calmar y dar confianza al alumno. Cuando las cosas van mal, es siempre un problema que ha de resolver el profesor. No tomárselo a la defensiva, demostrar al alumno que uno puede también cometer errores, admitirlos y seguir adelante.
  • Terminar cada sesión con una nota positiva y hablar sobre el progreso general y el proceso de aprendizaje. Si las cosas no progresan, explicar por qué parecen estar así. En otras palabras, explicar sobre los subidones y los bajones que se producen en el proceso de aprendizaje. Los altamente sensibles son a menudo tan perfeccionistas que se desaniman fácilmente. Tienen que aprender a ser amables consigo mismos cuando están aprendiendo y cuando cometen errores. Pero tampoco tiene sentido en ser duro con uno mismo por haber sido duro con uno mismo. Toda persona altamente sensible tiene dificultades en tolerar los errores, es parte del rasgo, pero tiene que ser equilibrado con la realidad, y es que aprender lleva tiempo.

Elaine Aron dice que estas recomendaciones pueden parecer destinadas a personas con enormes problemas emocionales pero ella cree que son beneficiosas para cualquier persona altamente sensible, incluso las más sanas emocionalmente.
Con tiempo, los altamente sensibles son generalmente muy buenos en todo lo que hacen. Pero necesitan que se les enseñe de manera diferente.


(Extraído de Teaching HSCs And HSPs to Swim, Drive or Anything Else del sitio The Highly Sensitive Person.)

28 de agosto de 2016

Sobre la vergüenza

Elaine Aron se siente fascinada por la emoción a la que llamamos vergüenza. En este artículo hace una reflexión acerca de ella.
«La vergüenza es una emoción dolorosa, al igual que el miedo o la tristeza. Pero quizá la vergüenza sea la más dolorosa de ellas porque se registra en el cerebro como un dolor físico severo.»
De hecho existen estudios que demuestran que el dolor emocional activa las mismas partes del cerebro que un dolor físico.
«La vergüenza es una emoción social, al igual que la timidez (el miedo social), la culpa o el orgullo. Las emociones sociales solamente se pueden sentir cuando estamos rodeados de gente (o al menos lo estamos en nuestros pensamientos).
»Cada emoción provoca expresiones faciales y movimientos característicos del cuerpo. Se puede deducir que alguien está sintiendo vergüenza cuando quiere esconderse, desaparecer, incluso morirse ("tierra trágame"). En esos momentos la persona se percibe a sí misma como alguien horrible. El avergonzado baja la cabeza y no puede mirar directamente a los ojos porque siente que no vale nada. Incluso si quisiera disimularlo no podría, puesto que el rubor facial lo delata. La vergüenza causa la sensación de que somos insoportablemente defectuosos y ello provoca automáticamente una bajada en la autoestima. Sentimos la derrota. Nos sentimos humillados. Aceptamos nuestro rango inferior y permanecemos allí, contentándonos con no ser rechazados.
»La vergüenza sirve para que nos mantengamos en buenos términos con el grupo ya que nos castiga con su dolor si hacemos algo que (suponemos) se desvía de las normas. Es tan dolorosa que después de la infancia no suele ser necesario que nadie nos la haga sentir, ya que nosotros mismos nos la infligimos ante la expectativa de que nos pillen en falta.»
Desde el punto de vista evolutivo la vergüenza fue importante ya que nuestra supervivencia dependía del hecho de ser admitidos en la tribu (sin su protección, se estaría condenado a morir a manos de los depredadores). La vergüenza seguramente ha posibilitado la cohesión y desarrollo de las sociedades humanas y sin embargo un exceso de la misma puede resultar un obstáculo para el desarrollo normal del individuo. Sobre todo en estos tiempos. La razón es que hoy en día, las personas pertenecen a múltiples grupos sociales y la vergüenza es una emoción instintiva que a menudo no sabe discriminar situaciones.

Por ejemplo, experimentar una vergüenza excesiva pudo servir para sobrevivir a una niñez en la que fue necesario ser aceptado en el primer grupo fundamental al que se pertenece: la familia. Es la base de la educación emocional de los niños, a los que dicha emoción ayuda en su aprendizaje de las normas básicas de convivencia. Pero si por algún motivo ese niño interiorizó excesivamente y quizá erróneamente el sentimiento de vergüenza, después, a lo largo de su vida, dicha vergüenza puede ser sentida en grupos y circunstancias totalmente distintas, causando numerosos trastornos.
«La culpa es más leve, más suave, porque con ella uno siente que ha hecho algo malo, no que uno es intrínsecamente malo. Con la culpa uno sabe que puede arreglarlo o tener la esperanza de ser perdonado, y aunque ello no suceda, la culpa no tiene un sentido tan irrevocable y rotundo como la vergüenza.
»Estoy convencida de que las personas altamente sensibles somos más propensas a la vergüenza porque sentimos las emociones más intensamente. El rasgo que nos motiva a ser más cautos y a observar antes de actuar es el que nos hace ser más sensibles a la vergüenza. Estamos más atentos a todo lo que podría causarla en nosotros e inhibimos cualquier impulso que pudiera desembocar en ella.
»Las personas altamente sensibles también se han podido ver más afectadas por una educación imperfecta durante la infancia, en la que el niño fue sometido por medio de la vergüenza en lugar de aprender a distinguirla de la culpa. Una misma circunstancia pudo provocar el sentimiento de culpa en un niño, mientras que en el caso de uno altamente sensible pudo causar vergüenza, especialmente si los padres reaccionaron sin mucho cuidado. Los niños también sienten vergüenza cuando no se les atiende debidamente, se les deja solos demasiado tiempo o sencillamente no se sienten queridos. Puede no ser lógico pero lo cierto es que en estos casos, sentir vergüenza (sentir el dolor que dicha vergüenza provoca) motiva a los niños a eforzarse para lograr el cariño y el cuidado que necesitan.»
Al ser la vergüenza tan dolorosa, la gente raramente la siente pues hace todo lo posible por evitarla. Existen para ello ciertos mecanismos de protección: culpamos a los demás ("Yo no hice nada malo, fue culpa suya"), minimizamos nuestra implicación ("En realidad no estaba intentándolo"), decimos que no nos importa lo que piensen de nosotros, etcétera.
«Las personas altamente sensibles utilizamos autoprotecciones como culpar a los demás, minimizar nuestra responsabilidad, etcétera, pero sobre todo, lo que hacemos es adaptarnos a lo que es normal en el grupo para de este modo ser aceptados y alejar la posibilidad de sentir vergüenza. Tratamos de ser perfectos, no cometer errores, siempre somos generosos. Nos esforzamos más de lo que correspondería, para triunfar o para que al menos nadie pueda decir que no lo hemos intentando. Pero este comportamiento a menudo conduce a vidas demasiado restringidas. Dejamos de ser espontáneos y no nos arriesgamos en las relaciones. No alcanzamos a hacer cosas que quizá nos harían felices.
Pero así, al menos, evitamos la vergüenza...
»Casi todos los consejos que se dan sobre cómo superar los problemas y vivir mejor tratan en el fondo de superar el miedo a la vergüenza. Te dicen: "empodérate", "consquista tus miedos", "quiérete más", "aumenta tu autoestima", "supera la timidez". Y cuando no lo conseguimos, ¿sabes lo que sucede? Que sentimos vergüenza. 
»El fondo del problema no suele ser considerado y entenderlo puede que sea un buen modo de comenzar a tratar los problemas de sentir una vergüenza innecesaria. Se trata de buscar el origen de esas vergüenzas porque a menudo siguen acompañándonos durante toda la vida. ¿En qué circunstancias la sentimos más intensamente y quién nos la hace sentir? Considerar cómo hemos organizado nuestra vida para evitar hacer ciertas cosas. Qué partes de nosotros han sido desconectadas. ¿Tu parte animal? ¿Tu parte creativa? ¿La parte de ti que sabe qué es lo que necesitas para ser feliz? ¿La parte que cuida de tu dignidad como persona?
»En cualquier caso es interesante volvernos más conscientes sobre la vergüenza y lo poco razonable que es a menudo, o lo condicionada que está por una cultura que quiere algo de nosotros. Quizá al envejecer y hacernos más sabios podamos dar a la sociedad, a los grupos de los que formamos parte y a aquellos críticos de nuestro pasado que aún siguen con nosotros, buena parte de lo que nos piden pero sin sacrificar completamente nuestra alma y nuestra vida.»

(Extraído de Highly Sensitive People and Shame del sitio The Highly Sensitive Person.) 

24 de agosto de 2016

Sobre el dinero

En este artículo Elaine Aron se ocupa de la relación que puede tener con el dinero una persona altamente sensible.
«Los estudios dicen que para ser feliz la gente necesita que sus necesidades básicas estén cubiertas. Una vez conseguido esto, la felicidad depende más de la habilidad de cada cual para apreciar los placeres cotidianos y para ello la alta sensibilidad puede resultar beneficiosa. Yo creo que las personas altamente sensibles se arreglan mejor en situaciones de poco dinero aunque también sufren más si no tienen el suficiente. Por otra parte la preocupación por no saber si se dispondrá de dinero en el futuro es sin duda peor que el hecho mismo de no tenerlo llegado el momento».
Comenta que durante dos décadas vivió con los suyos sin mucho dinero y que resultó muy sencillo. Fue su elección y con un poco de imaginación conseguían la mayor parte de las cosas que querían. Durante los últimos años ha tenido más medios y efectivamente ahora se permite otras comodidades pero en lo fundamental nada ha cambiado. A Elaine Aron no le impresionan los lujos ni las vacaciones y tampoco le gusta ir de compras. Dice que en el tema de vivir con poco las personas altamente sensibles tenemos claramente ventajas.
«Para empezar, si alguna vez tuvimos dinero, ahorramos gran parte del mismo por si acaso. A menudo estamos ya acostumbrados a ingresos bajos al elegir trabajos significativos en lugar de los lucrativos. Algunos hemos probado a cambiar los términos al tratar de favorecer el dinero pero vimos que no funcionaba. Quizá no hemos trabajado siempre debido a los problemas relacionados con la sensibilidad y el estrés. Creo que podemos entender mejor que otros que simplificar la vida puede ser una bendición. La espiritualidad (acompañada de la tranquilidad y la naturaleza) puede ser importante. La pobreza formaría parte del camino porque nos permite concentrarnos en lo importante».
Para ir tirando con poco dinero hay que elegir bien. Un lugar tranquilo en el que vivir (ante la dificultad de encontrarlo, el alquiler puede ser una buena opción), el seguro médico es importante, la comida saludable es más barata si se dedica tiempo a la cocina. Las personas altamente sensibles necesitamos descanso pero hoy en día los trabajos mejor pagados son de tipo 24/7 de manera que puede ser mejor algo que esté más delimitado, trabajar por tiempo determinado o hacerlo como autónomo. Necesitamos hacer algo significativo y el voluntariado puede ser una posibilidad.
«Lo que no nos permite estar tranquilos con unos ingresos bajos es probablemente la envidia y el miedo. La envidia se puede apaciguar valorando lo que te importa a ti y mirando al conjunto completo de las vidas de la gente con más dinero que tú. En esto puede ayudar que no envidies a los que no son altamente sensibles, quienes puede que estén más del lado materialista de la vida, con menos capacidad de entretenerse con su vida interior. Por otra parte el miedo puede ser más complicado de gestionar porque damos vueltas a todas las posibilidades cuando pensamos sobre el futuro. Aquí quizá habría que hacer el ejercicio de analizar los riesgos de manera más templada.
En realidad deberíamos dar un paso atrás de la sociedad en la que vivimos. Porque estamos inmersos en una cultura consumista que no deja de bombardearnos con lo que deberíamos querer. No existen anuncios que digan: "Disfruta más de la naturaleza; es gratis". O bien: "No necesitas nuestro nuevo modelo, el que te llevaste sigue estando bien". Peor aún, nos dicen lo que deberíamos temer. Los seguros que son indispensables para protegernos de todo peligro.

Quizá la siguiente cita de Thomas Merton (un monje católico que fue también escritor) es el mejor anuncio para otro tipo de vida.
Hay esperanza, porque siempre hay gente que se atreve a buscar en los márgenes de la sociedad, que no dependen de la aceptación de la sociedad, no dependen de la rutina de la sociedad y prefieren la existencia de flotar libremente aceptando el riesgo. Entre esta gente, si son fieles a su propia llamada, a su vocación, la comunicación en el nivel más profundo es posible. Y el nivel más profundo de comunicación no es comunicación sino comunión. Está más allá de las palabras, del discurso y de los conceptos. No es que descubramos una nueva unidad. Descubrimos una que es vieja porque ya somos uno. Pero imaginamos que no lo somos y lo que tenemos que recuperar es nuestra original unidad. Lo que tenemos que ser es lo que somos.
Elaine Aron termina el artículo diciendo que como nosotros, los altamente sensibles, ya estamos un poco en los márgenes de la sociedad, este planteamiento puede ser una dirección válida en la que movernos. Una dirección en la que menos es más, y ese más merece la pena ser buscado.

(Extraído de For Some HSPs Less Can Be More del sitio The Highly Sensitive Person.)

21 de agosto de 2016

Una vida llena de significado es saludable

En este artículo se comenta que es más saludable vivir una vida llena de significado que una vida llena de placer.
«A menudo oigo a personas altamente sensibles preguntarse por qué, comparados con los demás, se preocupan tanto por el significado de la vida, los problemas del mundo y su papel en aliviarlos. Las personas altamente sensibles a menudo sienten que tienen que ayudar. ¿Por qué, se preguntan, parecen estar negados para la vida inconscientemente feliz de la que otros parecen disfrutar?
»A veces he contestado lo que decía Aristóteles, que el mayor placer viene de la eudemonía, que es el placer de hacer lo que estás destinado a hacer, en oposición al hedonismo, el placer proveniente del puro placer, como la comida, el sexo o relajarse en un lugar bonito. No es que éstos sean malos pero según Aristóteles, añadir la eudemonía es lo que hace que la vida sea buena porque practicándola nos realizamos atendiendo a nuestra vocación y nos convertimos en nosotros mismos.
»Las personas altamente sensibles no suelen tolerar el trabajo que es solamente para ganar dinero. Es importante que tenga significado. Según Aristóteles nacemos con una vocación determinada por las habilitades especiales y únicas que disponemos cada uno de nosotros. Pero averiguar dicha vocación y seguirla parece un asunto más importante para las personas altamente sensibles que para las demás.
»La habilidad común a los seres humanos es su consciencia, la capacidad de darse cuenta de lo que sucede. Pero esto tiene su parte mala. Somos conscientes de la muerte, de la pérdida, del peligro distante en el tiempo o el espacio, de la maldad, etcétera y las personas altamente sensibles somos más conscientes de todo ello que los demás. Es doloroso y sin embargo la consciencia es algo que no cambiaríamos nunca a cambio de una vida en la que no nos diéramos cuenta de nada».
Elaine Aron pasa a comentar los resultados de unos estudios realizados con la intención de encontrar la relación entre el tipo de felicidad con la que convive la gente (eudemónica o hedonista) y su estado de salud física. El cuerpo incrementa o reduce la actividad del sistema inmunitario y la respuesta inflamatoria dependiendo de los sentimientos y del comportamiento de cada uno. A los participantes en el estudio se les hicieron preguntas para determinar sus niveles de felicidad de cada tipo al tiempo que se medían parámetros del cuerpo indicadores de su estado de salud.
«El estudio encontró que la eudemonía estaba asociada a una respuesta saludable del cuerpo mientras que el hedonismo no lo estaba tanto. Curiosamente las personas no eran conscientes de ello, solamente el cuerpo parece ser consciente de la diferencia entre las dos fuentes de felicidad. Siempre he tenido la impresión, totalmente mía y no científica, de que toda célula en nuestro cuerpo sabe acerca de cada uno de los pensamientos que tenemos y de que la gente vive más tiempo cuando el cuerpo recibe el mensaje de que existe una razón para vivir.
»La explicación científica de estos resultados vendría de decir que la evolución de la especie conservó unos genes que favorecen una vida con significado, vidas que hacen una contribución significativa a la sociedad. Por supuesto, una de las maneras instintivas de vivir una vida con significado es tener hijos. Y esta tarea no siempre es placentera. Una mirada a padres que comparten asiento en un avión con su hijo enrabietado, de los que no paran de llorar en un largo vuelo, y te preguntas cómo es que alguien en ese avión se plantearía tener hijos alguna vez. Y sin embargo, la mayoría los tendría.
»La cuestión para las personas altamente sensibles es que parecemos más propensos a vivir una vida tendente a la eudemonía. Curiosamente, en este estudio, solamente un 22 por ciento de la gente tenía ese tipo de felicidad predominantemente en sus vidas. ¿Os suena familiar esa cifra?»
Se refiere, claro, al 20 por ciento de la población que es altamente sensible.

(Extraído de Why HSPs' tendency to worry about the real meaning of our life may make us healthier del sitio The Highly Sensitive Person.)

17 de agosto de 2016

Acoso en el trabajo

¿Qué es y qué no es acoso en el trabajo? No es fácil definirlo exactamente.
«Si eres altamente sensible, el acoso laboral puede ser algo tan simple como la falta de civilidad, que puede ser definida como "comportamiento anormal con intención ambigua de hacer daño y que viola las normas del respeto mutuo". Sin embargo, algunos que estudian el acoso laboral creen que debe existir intención de hacer daño.
»Por ejemplo, si una persona es por naturaleza áspera y crítica en el trato, al no darse cuenta de que esto te afecta entonces no es acoso, al menos de acuerdo a una de las definiciones. Podrías pararlo haciéndolo ver. Como esto puede ser muy difícil de hacer, podrías seguir adelante sin decir nada, sintiéndote acosado, pero técnicamente no es lo que estaría sucediendo.
»Ahora bien, si los malos modos no son intencionados pero continúan produciéndose. O estamos ante una persona altamente sensible que no se siente acosada pero se culpa a sí misma de ser demasiado sensible o un flojo, entonces, el daño se está produciendo. Incluso si las víctimas no reconocen el acoso, su salud mental está siendo afectada.
»A la hora de definir lo que es el acoso laboral, algunos expertos no tienen en cuenta la cuestión de la intencionalidad y van directamente a los efectos que produce: "Maltrato repetido del empleado que causa daño a su salud, manifestado por medio de abuso verbal y conducta intimidante (verbal o no verbal) que interfiere con el trabajo y socava los intereses de la empresa".
»Una particularidad importante del acoso laboral es que las víctimas se sienten incapaces de defenderse o de controlar lo que se les está haciendo. De hecho, en algunas empresas el abuso verbal es consentido como un estilo duro de gestión así que protestar no serviría de nada. Si el trabajador tiene algún problema con el jefe se espera de él que sea capaz de gestionarlo. Y si no, ya sabe dónde está la puerta».
Según Elaine Aron las personas altamente sensibles somos propicias a sufrir acoso laboral por los siguientes motivos:

  • Podemos parecer débiles porque preferimos hablar suavemente y ser amables.
  • Nuestra primera defensa es tratar de agradar, lo que nos hace parecer que aceptamos ser dominados.
  • Optamos por hacer las paces antes que ir a la ofensiva, otra muestra de debilidad ante el acosador que no hace sino excitarlo aún más.
  • Tenemos respuestas emocionales más fuertes de manera que los acosadores pueden ver que están haciendo mella en nosotros lo cual los motiva aún más.
  • Los altamente sensibles somos trabajadores concienzudos y especialmente dedicados cuando encontramos que el trabajo tiene significado. También solemos tener las mejores ideas y un mayor conocimiento sobre la tareas y cómo han de ser realizadas dentro del contexto de los objetivos generales de la organización. Y normalmente tenemos mayor integridad moral. Como los acosadores carecen de este tipo de atributos y no tienen en mente otra cosa que escalar puestos, una persona altamente sensible los deja en evidencia.
«Lo que encuentro fascinante en este tema es que una de las razones por las que las empresas están preocupándose cada vez más por el acoso laboral es la pérdida que se produce a menudo de sus profesionales más válidos, los trabajadores más dedicados, no gente con problemas de personalidad. Sospecho que muchos de estos empleados válidos son personas altamente sensibles y alguien se está dando cuenta de que perderlos es un mal negocio».
Otra de las razones que explican el interés creciente es el coste relacionado con la pérdida de la salud del empleado. Los problemas son debidos al estrés, por supuesto. Algunos estudios sugieren que puede ser más dañino para la salud que estar sobrecargado de trabajo o desempleado.
«Pero igualmente interesante es el miedo a ser demandado. El acoso laboral está empezando a verse como algo similar al acoso sexual. ¿Y por qué no? Está fuera de lugar en el trabajo. No se debería permitir ir más allá de lo que una "persona razonable" encontraría aceptable, que es como el acoso sexual fue finalmente definido. La vieja actitud, la de las víctimas del abuso en el trabajo como responsables de su situación por no ser capaces de defenderse, está quedándose atrás, tal como sucedió con las mujeres como las causantes del acoso sexual por haber elegido entrar en el terreno laboral de los hombres.
»El mismo cambio tuvo lugar en las escuelas con el acoso escolar. ¿Durante cuánto tiempo tuvimos que escuchar que los niños tenían que arreglárselas por su cuenta para que aprendieran a responder a las agresiones? Esa actitud hizo un tremendo daño, especialmente a los niños altamente sensibles. Pero ahora hay más conciencia sobre el respeto que se merece todo el mundo y se trabajan estos temas. Y como los acosadores son los que terminan por ser rechazados, resulta que estos programas son también beneficiosos para ellos. Todo el mundo tiende a sentirse mejor en un entorno respetuoso».
Elaine Aron sospecha que estos cambios han venido en parte debido al reconocimiento de la existencia de niños altamente sensibles, a los que no se les puede pedir que se defiendan de niños agresivos (los situados en el otro extremo de su temperamento, o los que vienen dañados por un historial de abuso o negligencia en sus casas).

(Extraído de HSPs and Bullying in the Work Place-Changes are coming del sitio The Highy Sensitive Person.)